(Dietilamida del Ácido Lisérgico)
********************Para ayuda llame ahora al 888-796-8040*******El LSD es uno de los productos químicos más potentes y capaces de cambiar el humor. Se manufactura a partir del ácido lisérgico, que se encuentra en el cornezuelo, un hongo que crece en el contorno y otros granos.
Se produce en forma de cristales en laboratorios ilegales, principalmente en Estados Unidos.
Esos cristales se transforman a líquido para distribuirlo. Es inodoro, incoloro y tiene un ligero sabor amargo.
Conocido como “ácido” y con muchos otros nombres, el LSD se vende en la calle en pequeñas tabletas (“micropuntos”), cápsulas o cuadros de gelatina (“cristal de ventana”). A veces se añade al papel secante, que entonces se divide en cuadros pequeños decorados con diseños o personajes de historietas. Ocasionalmente se vende en forma líquida. Pero sin importar en qué esté, el LSD conduce a quien lo consume al mismo lugar: una severa desconexión de la realidad.
Los consumidores de LSD llaman “viaje” a una experiencia con LSD, que típicamente dura unas 12 horas o más. Se llama “mal viaje” o “bad trip” cuando la situación sale mal, lo cual sucede con frecuencia, y es otro nombre para un infierno viviente.
El alucinógeno es una droga que causa alucinaciones. Los drogadictos ven imágenes, oyen sonidos y tienen sensaciones de que lo que están viendo es completamente real, pero no existe. Algunos alucinógenos también producen cambios repentinos e inesperados en el estado de ánimo de aquellos que los usan.
Los efectos del LSD son impredecibles. Dependen de la cantidad tomada, el estado de ánimo y su personalidad, así como en el entorno en el que se tome la droga. Es como juegos de azar: un viaje acelerado y distorsionado o un serio bajón paranoico.
Normalmente, los primeros efectos del LSD se experimentan de 30 a 90 minutos después de tomar la droga. A menudo, las pupilas se dilatan. La temperatura corporal puede subir o bajar, mientras aumentan o disminuyen la presión sanguínea y el ritmo cardiaco. Es común sudar o tener escalofríos.
Los consumidores de LSD a menudo experimentan pérdida de apetito, insomnio, sequedad en la boca y temblores. Los cambios visuales están entre los efectos más comunes: el consumidor puede llegar a estar fijado en la intensidad de ciertos colores.
También se experimentan cambios de humor extremos, desde una “dicha” desconectada de la realidad hasta un intenso terror. Lo peor es que quienes consumen LSD no pueden decir qué sensaciones son creadas por esta droga y cuáles son parte de la realidad.
Algunos consumidores del LSD experimentan una intensa dicha que confunden con la “iluminación”.
Ellos no solo se desligan de sus actividades normales, sino que también sienten la necesidad de tomar más drogas para reexperimentar la misma sensación. Otros experimentan fuertes pensamientos y sentimientos aterradores, miedo de perder el control, miedo a la demencia y a la muerte, desesperación mientras usan LSD. Una vez que comienza, no hay manera de parar el “mal viaje”, y esto puede durar hasta 12 horas. De hecho, algunas personas nunca se recuperan de una psicosis inducida por el ácido.
Si se toma en una dosis suficientemente grande, el LSD produce delirio y alucinaciones. El tamaño y la forma de los objetos se distorsionan, al igual que los movimientos, colores y sonidos. Puede parecer que las sensaciones “se cruzan”, dando al consumidor la impresión de escuchar colores ver sonidos. Estos cambios pueden ser aterradores y causar pánico.
Se ve afectada la capacidad de formarse un criterio sensato y ver los peligros comunes. Un consumidor de LSD podría tratar de saltar de una ventana para “ver de cerca” el suelo. Podría considerar divertido admirar el cielo, sin darse cuenta de que está en medio de una intersección con mucho tráfico.
Muchos consumidores de LSD experimentan escenas retrospectiva, o la recurrencia del “viaje” del LSD a menudo de manera imprevista, mucho después de haberla tomado.
Los viajes malos y las escenas retrospectivas son solamente parte de los riesgos del consumo del LSD. Los consumidores de LSD pueden manifestar psicosis relativamente de larga duración o de depresión grave.
Debido a que el LSD se acumula en el cuerpo, los consumidores desarrollan una tolerancia a la droga. En otras palabras, algunos consumidores habituales tienen que tomarla en dosis cada vez mayores para lograr un “viaje”. Esto agrava los efectos físicos e incrementa el riesgo de tener un mal viaje que resulte en psicosis.
En Europa, el 4.2% de aquellos que tienen entre 15-24 años de edad han tomado LSD al menos una vez. Al hacerse una encuesta, el porcentaje de gente en este grupo de edad que había consumido LSD el año anterior fue mayor de 1% en siete países (Bulgaria, República Checa, Estonia, Italia, Letonia, Hungría, Polonia).
En Estados Unidos, desde 1975, investigadores financiados por el Instituto Nacional sobre Consumo de Drogas, anualmente han hecho una encuesta a casi 17 mil estudiantes del último años de escuela secundaria en todo el país para determinar las tendencias del consumo de drogas, y evaluar las actitudes y creencias de los estudiantes sobre el consumo de drogas. Entre 1975 y 1997, la clase de 1986 fue el período mas bajo de consumo de LSD que se reportó, cuando 7.2% de estudiantes del último año de bachillerato informaron que consumieron LSD al menos una vez en su vida. Para el 2004, aproximadamente 23.4 millones de norteamericanos de más de 12 años habían consumido LSD al menos una vez en la vida.
El porcentaje de estudiantes de último año escolar que reportó haber consumido LSD al menos una vez durante el año anterior, casi se duplicó de un 4.4% en 1985 a 8.4% en 1997. En 1997, 13.6 de los estudiantes de último año habían experimentado con el LSD al menos una vez en su vida.
Un estudio publicado en enero del 2008 informó que cerca de 3.1 millones de personas en Estados Unidos entre 12-25 años de edad dijeron que habían tomado LSD.
El LSD es la droga alucinógena (alteradora de la mente) más potente.
El LSD es 100 veces más potente que los hongos alucinógenos.
El LSD es 4000 veces más potente que la mezcalina
Albert Hofmann, químico que trabajaba para la Farmacéutica Sandoz, sintetizó el LSD primera vez en Basilea, Suiza, mientras buscaba un estimulante para la sangre. Sin embargo, no se conocieron sus efectos alucinógenos hasta 1943 cuando Hofmann accidentalmente consumió un poco de LSD. Más tarde se descubrió que una dosis oral de apenas 25 microgramos (equivalentes en peso a unos cuantos granos de sal) puede producir alucinaciones vívidas.
Debido a la similitud con una sustancia química presente en el cerebro y su efecto similar a ciertos aspectos de la psicosis, durante las décadas de 1940, 1950 y 1960 los psiquiatras usaron el LSD en experimentos. Aunque los investigadores no pudieron encontrar ningún uso médico para la droga, las muestras gratis repartidas por la Farmacéutica Sandoz para los experimentos fueron distribuidas ampliamente, llevando al uso general de la sustancia.
El LSD fue popularizado en la década de 1960 por individuos como Timothy Leary, el cual era psicólogo de Harvard, promovió el LSD y otras drogas psiquiátricas de la mente, fue arrestado y encarcelado por crímenes relacionados con drogas. Leary alentó a los estudiantes de Estados Unidos a que “se engancharan, se enfocaran y se desconectaran”. Esto creó una contracultura total basada en el consumo de drogas, y esparció el LSD desde Estados Unidos hasta el Reino Unido, y desde allí hacia el resto de Europa. Aún hoy, el uso del LSD en el Reino Unido es significativamente mayor que en otras partes del mundo.
Mientras la contracultura de los años 60 usaba la droga para escapar de los problemas de la sociedad, la comunidad de inteligencia occidental y los militares la vieron como un arma química potencial. En 1951, estas organizaciones iniciaron una serie de experimentos. Investigadores de Estados Unidos observaron que el LSD “era capaz de causar un estado en grupos enteros de personas, incluyendo contingentes militares, en el que serían indiferentes a su entorno o a las situaciones, afectando su capacidad para planear, actuar y creando sensaciones de temor, confusión incontrolable y terror”.
Los experimentos del posible uso del LSD para cambiar la personalidad de objetivos de inteligencia y para controlar poblaciones enteras siguieron adelante hasta que Estados Unidos prohibió la droga oficialmente en 1967.
El uso del LSD se redujo durante la década de 1980, pero se aceleró de nuevo en la de 1990. Desde 1998, los jóvenes y los postadolescentes han llegado a consumir más el LSD en salones de baile y en fiestas con música acid. El consumo descendió significativamente en el 2000 y así continuó.
Cuando se realizan encuestas con adolescentes para averiguar por qué empezaron a usar drogas en primer lugar, el 55% respondió que la razón fue la presión de sus amigos. Querían ser aceptados y populares. Los traficantes lo saben.
Ellos se aproximan a ti como un amigo y te ofrecen “ayuda” con “algo para animarte”. La droga podrá “ayudarte o adaptarte” o “hacerte sentir bien”.
Los traficantes, motivados por el beneficio que tendrán, podrán decir cualquier cosa para hacer que compres se droga. Ellos te dirán que “El LSD expandirá tu mente”.
A ellos no les importa si las drogas arruinan tu vida, siempre y cuando les pagues. Lo que ellos quieren es el dinero. Ex traficantes reformados han admitido que ellos veían a sus compradores como “peones en un juego de ajedrez”
Descubre los hecho relacionados con las drogas. Toma tus propias decisiones.
Brian
“Con mi primer viaje, me puse paranoico, sentí que mis amigos conspiraban en mi contra para hacer algo, tal vez matarme, pensé, que tenía que salir de ahí. Exploté en el dormitorio de mi amigo, abrí por completo las ventanas para poder saltar. Afortunadamente mi amigo vive en una planta baja. Corrí por una arboleda de la cuidad hasta llegar a un puente. Podía sentir como mi corazón comenzaba a latir cada vez más rápido. Escuchaba voces que decían que me iba a dar un ataque al corazón y que moriría.

Jenny
“Después de tomar el ácido, imaginé que habíamos chocado de frente con un camión de 18 ruedas y que resultamos muertos. Pude escuchar cómo chirriaba el metal, y luego hubo un silencio sombrío y maligno. Estaba aterrada en este punto y de hecho pensé que estábamos muertos… Durante un año no pude ir a ningún cementerio porque estaba aterrada de llegar a encontrar mi propia tumba”.

Diana
“A los 13 años tomé la primera bebida y poco después conocí la marihuana. Entonces el LSD rápidamente cayó en mis manos y me convertí en adicta, consumiéndolo como si fuera en dulce. Una noche durante una de mis parrandas perdí el conocimiento y me desperté con sangre en toda la cara y vómito que me salía de la boca. Por algún milagro me desperté y me limpié. Entré al auto, temblando, y conduje hasta la casa de mis padres. Me metí en la cama con mi mamá y me puse a llorar. Para cuando tenía 21 años, inicié mi primer programa de rehabilitación”.

Juan
“Empecé a beber a los 15 años. Entonces continué hasta tomar éxtasis, anfetaminas, cocaína y LSD. Era difícil para mí conservar un trabajo, me deprimí y pensé que nunca podría superar mi obsesión por las drogas. Intenté suicidarme con una sobredosis de píldoras. Me pusieron al cuidado de psiquiatras que me dieron más drogas, antidepresivos y tranquilizantes, que sólo empeoraron las cosas… Como válvula de escape para mis sentimientos, empecé a dañarme a mí mismo: comencé a cortarme y a quemarme”.
